jueves, 10 de marzo de 2016

Alma gemela

Ahora sé que existe, graba su nombre junto al mío,
y es que hace tiempo que murió la cualidad afectiva que
ahora parece estar volviendo por arte de magia a la vida,
extendiéndome una mano que me aferra a ésta misma.
Una profunda sensación que comprende algo
que incluso mi mundo tan huraño olvidó,
una profunda sensación que despierta en mí
tantas otras que no caben en ninguna explicación.

Cuando quise darme por vencido,
convertido ya en mi propio enemigo,
encontré en sus ojos la comprensión,
esos ojos a los que cada vez que miro,
me aíslan del mundo exterior,  
esos ojos que me envuelven en su seda,
transportándome a una realidad paralela
donde tan sólo estamos ella y yo.
Esos ojos capaces de elevar esa maravillosa sensación
a la más alta de las montañas…
Esos ojos capaces de iluminar cada recoveco
de la más oscura de las estancias.

En su búsqueda me perdí por tétricos lugares,
cada paso era un fracaso hasta que se encendió el paisaje,
el paisaje de sus brazos que arroparon mi triste fuselaje,
renovaron mi motor, empujándolo hacia delante.
Dos piezas únicas hechas a medida para encajar
entre ellas y compartir además de la vida,
todas esas grandes pequeñeces que sabemos
que el resto del mundo no entiende.

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